El espejo despierta pasiones. Y es que tenemos temporadas en las que podemos llegar a amarlo y otras, en las que directamente preferimos no saber nada de él. Para muchas se ha convertido en una arma de doble filo ya que tiene el poder de subir nuestra autoestima en tan solo unos segundos pero también es capaz de arruinar nuestro día, según la imagen que veamos reflejada en él.

Últimamente, en una sociedad en la que hemos perdido el miedo a exhibirnos mediante las redes sociales y el uso de filtros que nos embellecen, ponernos delante del espejo es todo un reto. Porque allí no hay filtros que nos quiten manchas en la piel, unifiquen el tono o nos hagan adelgazar. Esto está generando una preocupación excesiva por nuestro físico hasta el punto que cada vez son más las personas que sufren obsesión por su apariencia física.

Todas hemos pasado alguna vez por aquí porque todas tenemos temporadas en las que nos sentimos más o menos a gusto con nosotras mismas. Pero el poder para vernos bien no lo tiene el espejo. Sé que eres consciente de ello, pero quiero recordártelo porque a veces nos olvidamos que si nos sentimos de una u otra forma cuando nos ponemos delante de él, esto solo depende de nosotras.

Por eso, creo importante empezar a construir una relación sana con el espejo. Porque éste puede ayudarte muchísimo a aceptarte, a respetarte y a ver todo lo bueno que hay en ti, porque te aseguro que lo tienes y es mucho. Y es que la mayoría de nuestros complejos vienen porque nos comparamos con ese ideal que tenemos en la cabeza de la mujer perfecta, la mujer que todas queremos ser. Serlo depende solo de ti, de verdad. Solo tienes que empezar a respetarte, a no compararte con nadie y a aceptar las marcas visibles e invisibles de tu cuerpo como parte de tu vida y de tu experiencia. Sé que suena muy fácil, pero estoy convencida que con un poco de tiempo puedes lograrlo.

Para terminar quiero compartir contigo mi secreto para reconciliarme conmigo y con mi imagen cuando tengo una temporada más floja. Me pongo delante del espejo en ropa interior o desnuda y repaso una a una todas las partes de mi cuerpo. Empiezo por la cabeza y voy hasta los pies pasando por la cara, los brazos, las piernas…. Me detengo en cada una de estas partes, las digo en voz alta, las describo sin entrar a valorarlas y cuando termino, te aseguro que me siento mucho mejor conmigo misma porque he sido capaz de verme con ojos objetivos. ¿Te animarías a probarlo y a contarme tu experiencia? La verdad es que me encantaría conocerla.

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