Mirarse de nuevo después de la maternidad

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¿Cuántas veces te has preguntado mientras estabas embarazada cómo sería tu vida cuando naciera tu hija o hijo? “¿Cambiará tanto como me dicen?” seguramente fue una de tus dudas más habituales… Si eres madre, sabrás de lo que te estoy hablando. La maternidad marca un antes y un después en nuestra vida. También en nuestra forma de cuidarnos a nosotras mismas. 

La maternidad es un punto de inflexión en nuestra rutina, en nuestro día a día y también en nuestra personalidad. Las prioridades cambian y todo parace tener un sentido diferente. Casi de la noche al día renunciamos sin ningún tipo de lucha a nuestra independencia, a nuestros rituales para cuidarnos, a nuestras ganas de entrar y salir… para cuidar del terremoto que acaba de llegar y que ha puesto dulcemente nuestra vida del revés. Pero lejos que esto nos pese, nos hace felices, nos llena y nos compensa con creces.

Por eso, es natural que con la maternidad tu foco cambie de dirección y dejes de mirarte para observar constantemente a tu hijo. A veces, pienso que nos convertimos en invisibles para nuestros propios ojos. Y, aunque debe ser así –especialmente al inicio–creo que es importante no perdernos de vista del todo porque tú, como madre, también debes seguir cuidándote.

No es fácil recuperar nuestra propia mirada para vernos y hacerlo sin ojos que nos juzguen porque todavía no has conseguido recuperar la figura después del parto o porque tienes muchas ojeras porque a tu hijo le cuesta dormir. En definitiva, ya no tienes el mismo tiempo que tenías para dedicartelo a ti. Pos eso, hoy más que nunca, es el día para homenajearte; a ti y a todas las mujeres valientes y luchadoras.

Hoy quiero proponerte algo… Me gustaría que te dedicaras tiempo solo para ti. Quiero que vuelvas a sentirte tú, la mujer que eras antes de ser madre. Porque si no tomas tiempo para mimarte y cuidarte, te será más difícil cuidar de los tuyos. Invertir tiempo a solas contigo es invertir en tu autoestima y también en tu familia ya que les estarás regalando tu energía, tu alegría y tu positivismo. Así que te propongo un juego…

Busca 30 minutos al día para ti y mírate al espejo. Sé que cuesta, que no es fácil… Yo también lo he vivido. Pero cuando te pongas delante de él, cierra los ojos, recuerda qué hacías antes de ser madre para sentir bien y ábrelos de nuevo con la promesa que vas a cuidarte y que dejarás de juzgarte. Estoy convencida que, si lo haces cada día, vas a descubrir de nuevo cómo mirarte ahora que eres madre.

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