¿Te has parado a pensar el vínculo tan fuerte que existe entre las prendas que eliges para vestirte y tu necesidad de esconderte o mostrarte a los demás? Llega el buen tiempo y se nos acabó la excusa de ponernos capas y capas de ropa. Se acercan días en los que necesitaremos vestir con prendas más livianas, más vaporosas y colores más alegres. ¿Estás preparada?

Con la llegada de la primavera, gran parte de mis clientas han venido a mí con la misma necesidad: toca hacer el cambio de armario y analizar si la ropa de temporadas anteriores se ajusta a su estilo actual o por el contrario sienten que necesitan otro tipo de prendas, colores o estampados que reflejen mejor su esencia. Nuestros objetivos cambian, nuestra forma de pensar se modula, nuestro carácter madura. ¡Cómo no lo va a hacer nuestro estilo!

Intrínsecamente asociada a la llegada de la primavera y el verano, una preocupación empieza a escalar posiciones: el temor a mostrar zonas del cuerpo que han estado invernando en los meses anteriores. Afloran miedos, complejos, inseguridades… Es probable que a ti también te ocurra y sé que todos estos miedos se traducen en algo más complejo: es tu personalidad y tu autoestima las que se ven mermadas, porque son factores íntimamente ligados. Es hora de romper este círculo vicioso, ¿no crees?

Tu cuerpo, tu estilo, tu esencia

No voy a recordarte de nuevo la importancia de mirar hacia tu interior para conocerte, quererte y ver que eres única, preciosa e incomparable. Bueno, sí, déjame insistir en lo que, para mí, es el origen de todo: la visión que tienes de ti misma está distorsionada por las palabras que te lanzas, como dardos afilados, directas hacia tu autoestima. Los cánones establecidos, los prejuicios, los ideales de belleza irreales… son piedras que llevas en tu mochila y empañan la verdad.

¿Y cuál es esta verdad? Que tú también puedes (¡y debes!) sentirte bien contigo misma todos los días, tú también tienes estilo, personalidad y un carácter único, que nunca vas a estar mejor que hoy y que cuando te gustas, atraes.

Voy a proponerte un ejercicio sencillo para que te ayude a empoderarte y empezar a avanzar en este camino de autodescubrimiento y refuerzo de tu autoestima. Quiero que en las próximas semanas lo repitas periódicamente y tantas veces como sea necesario, más aún esos días en los que tienes la energía más baja y todo se vuelve un poco más oscuro.

Cada mujer y cada cuerpo es distinto, único, especial y auténtico. La genética y el ritmo de vida lo moldean, pero nuestros ojos y nuestra actitud hacen que veamos en él un templo o una condena. Dime, ¿tú qué quieres para ti? El mejor de los templos, ¿verdad?

El ejercicio que te propongo es precisamente para eso, para que empieces a verte con esos nuevos ojos y te sientas más fuerte, más bella y, sobre todo, más tú. En lugar de poner el foco en aquello que no te gusta, vamos a focalizarnos en lo bueno, en lo que te encanta, en lo que no cambiarías por nada del mundo. ¿Qué parte de tu cuerpo te encanta? Los ojos, las manos, las piernas, el pecho… Una o más de una, ¡por supuesto!

Recordar todos los días que eres única empieza por ahí, por creértelo. Y trabajar tu imagen y tu estilo te ayudará a mostrar tu verdadero yo y reforzar tu autoestima y tu fortaleza interior.

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